Ollantaytambo es uno de los monumentos más impresionantes de todo el circuito arqueológico del Cusco y, sin duda, una de las máximas expresiones de la ingeniería y la arquitectura inca. Este complejo monumental destaca por su majestuosidad, su profunda carga histórica y espiritual, y por albergar uno de los muros más asombrosos del mundo andino: el muro de los seis monolitos perfectamente ensamblados, cuya precisión sigue desafiando la comprensión moderna.
La Fortaleza de Ollantaytambo o la Casa Real del Sol
Conocida también como la Casa Real del Sol, la fortaleza de Ollantaytambo se alza imponente sobre el valle, dominando visualmente el actual pueblo del mismo nombre. En su interior se encuentra la Plaza Mañay Racay, también llamada Aracma Ayllu, un espacio ceremonial que cumplía funciones rituales durante la época inca.
Asimismo, pueden observarse antiguas viviendas de planta octogonal, organizadas en bloques conocidos como el Qosqo Ayllu, o “la ciudad del Cusco”, una clara muestra de la planificación urbana que caracterizaba al Imperio Inca.
El Templo del Sol: energía, precisión y simbolismo
El Templo del Sol de Ollantaytambo es un lugar cargado de misticismo. Muchos visitantes coinciden en que al recorrerlo se percibe una energía especial, una conexión profunda con la cosmovisión andina y con la naturaleza que rodea este enclave sagrado.
Este templo está construido con enormes bloques de granito rosado, y su elemento más emblemático es el Muro de los Seis Monolitos, cuyas piedras alcanzan más de cuarenta toneladas de peso cada una. Estas fueron unidas mediante losas de piedra que, según los estudios, cumplían la función de absorber impactos durante los terremotos, demostrando el avanzado conocimiento sísmico de los incas.
Un escenario clave en la historia de la conquista
Ollantaytambo no solo fue un centro ceremonial y arquitectónico, sino también un escenario crucial en la resistencia inca frente a los conquistadores españoles. Tras la toma del Cusco, el inca Manco Inca huyó hacia Ollantaytambo. En 1536, desde lo alto de la fortaleza, lideró una defensa magistral contra las tropas españolas.
Utilizando piedras, flechas y un sistema de inundación controlada del valle, el ejército inca logró infligir a los españoles la única gran derrota militar que estos sufrieron a manos de los incas. Este episodio convirtió a Ollantaytambo en un símbolo de resistencia y estrategia militar.

Orígenes y desarrollo del complejo
Antes de convertirse en una fortaleza monumental, Ollantaytambo fue un pequeño poblado. Cuando Pachacútec, el noveno inca, conquistó la región, ordenó su destrucción y la transformó en su propiedad personal. En la colina edificó una llaqta o ciudad-fortaleza destinada a protegerse de los Antis, pueblos provenientes de la selva que descendían por el valle.
El complejo principal está formado por 17 imponentes terrazas que conducen hasta la zona superior, donde se encuentran el Portal del Sol, un muro con 10 nichos ceremoniales y el propio Templo del Sol. Para acceder a las distintas secciones, se deben subir aproximadamente 150 escalones, que separan los niveles superior e inferior del santuario.
Una estructura extraordinaria e inacabada
El Templo del Sol fue concebido como una construcción única, sin paralelo en el mundo andino. Sin embargo, nunca llegó a completarse. Su edificación no respondió a un único diseño, sino al trabajo de varias generaciones de arquitectos incas. Esto explica por qué algunos muros presentan acabados más rústicos, con bloques reutilizados de otras construcciones y espacios rellenados con piedras sin labrar.
El misterio del transporte de los monolitos
Uno de los mayores enigmas de Ollantaytambo es el transporte de sus enormes piedras. El granito rosado fue extraído de una cantera ubicada a unos 4 kilómetros, en la ladera suroeste de las montañas, al otro lado del Valle Sagrado.
Las rocas eran parcialmente talladas en la cantera y luego llevadas hasta el fondo del valle. Para cruzar el río, los quechuas construyeron un canal artificial paralelo al cauce natural, permitiendo desviar el agua y facilitar el paso de los bloques cuando uno de los canales permanecía seco.
Posteriormente, las piedras eran trasladadas por una rampa inclinada, similar a un camino, cuyo trazo aún es visible en la actualidad. Para esta hazaña se emplearon troncos o piedras redondeadas como rodillos, sogas de cuero, palancas, poleas, llamas y alpacas, además de la fuerza coordinada de cientos o incluso miles de hombres.
A lo largo del camino entre la cantera y el templo todavía pueden verse decenas de enormes bloques conocidos popularmente como las “piedras cansadas”, llamadas así porque, según la tradición, nunca lograron llegar a su destino final.
Un destino imprescindible del Valle Sagrado
Hoy en día, Ollantaytambo es uno de los sitios arqueológicos más accesibles del Cusco, ya que se puede llegar caminando directamente desde el pueblo. Junto con las ruinas de Pisac, es una visita obligatoria para quienes planean conocer Machu Picchu, y muchos viajeros recomiendan recorrerlo antes de llegar a la ciudadela inca.
Ollantaytambo no es solo un conjunto de ruinas: es un testimonio vivo del ingenio, la espiritualidad y la resistencia de una civilización que supo dialogar con la montaña, la piedra y el tiempo.